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—Mañana —continuó Anderson, girándose hacia ella con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—, el juez Harwick celebra la fiesta de su jubilación en la mansión de la colina. Estarán todos. Sus amigos, sus protectores, los mismos que compraron la impunidad con el sudor de los muertos.

Lucy tomó su abrigo. No dijo nada más. No hacía falta. Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28

Lucy guardó silencio. Fuera, un perro ladró a la nada. —Mañana —continuó Anderson

La lluvia arreció, golpeando el tejado de zinc como los dedos impacientes de la muerte. En algún lugar, muy lejos, una sirena comenzó a aullar. Pero no era una sirena de auxilio. Era el preludio de una cacería. Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28